El futuro

Cada día que puedo voy a recoger a Inés a la guardería. Sin duda es el mejor momento del día. Qué os voy a contar a los que ya sois padres.

Antes de abrir la puerta de su aula observo cómo se relaciona con el resto de los niños. Es estupendo porque no existe ninguna diferencia. Todos son iguales ante el juego, las risas, las tareas…

Me pregunto en qué momento del desarrollo de un niño el cerebro empieza a “rechazar” al que no es igual. En qué momento necesitamos la seguridad de clasificar a las personas si se comportan o no como una “mayoría”. En qué momento los juegos entre iguales se convierte en el desplazamiento por tener otros patrones.

No soy ningún teórico, pero me niego a pensar que la sociedad de hoy se comporta igual que hace millones de años. Si fuese por Darwin mi hija Inés lo tendría complicado.

¿Qué parte es genética y qué parte es aprehendida?.

Sensibilizar a alguien en no ver como un “raro” a una persona en silla de ruedas, unos rasgos diferentes, a una persona con otra piel… es muy complicado. Nunca nos educaron para eso, más bien al contrario.

Pues bien… allí está el futuro de Síndrome Up: Educar a la sociedad en la diversidad y en la mirada sin prejuicios a través de los niños. Así llegaremos al mundo de los mayores.

Y educar es convivir. 

Tal vez a nosotros no nos de tiempo para comprobarlo, pero en el mundo de nuestros hijos no se percibirá la diferencia.

Síndrome Up seguirá dando una visión fresca de cómo abrazar lo desconocido y la adversidad desde el amor profundo. Los niños nos enseñarán.

¿Apuestas algo a que lo logramos?

Te iremos contando…

Íñigo Alli

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